Notas sobre exhalaciones

     Cuatro son las exhalaciones especiales que produce el cuerpo humano y el de algunos animales: el estornudo, el eructo, la tos y el pedo.

     Las llamo especiales para diferenciarlas de esa emisión de aire rutinaria pero primordial que es el segundo momento de cada acto de respirar: expeler después de aspirar.

     También son diferentes, aquellas cuatro, de otras emisiones propias de la respiración, tocadas por algún pintoresco matiz modal, que no modifica la esencia del acto. El bostezo, por ejemplo, es una respiración profunda y parsimoniosa, con ampulosa apertura de la boca (que se suele disimular, aunque no ocultar, manteniendo los labios cerrados). Soplar es una respiración asimétrica, en la que el aire se expele direccionado, haciendo un piquito con la boca. Sonarse la nariz es también una respiración asimétrica, pero inversa, en la que el aire se expele fuertemente por la nariz con la finalidad de que salga acompañado de ciertas inmundicias. Roncar es respirar con ruido. Todas son respiración.

     De las cuatro especiales, dos -el eructo y el pedo- corresponden al aparato digestivo, y las otras dos, al respiratorio.

     En ciertas culturas, el eructo es aceptado, y aun apreciado. De quien ha sido invitado a comer, se espera que manifieste así su satisfacción por la comida y agradezca al anfitrión. Eso es un error, porque la causa más común del eructo no es comer bien sino tragar aire por comer rápido. Y también es erróneo, en otras culturas, como la nuestra, repudiar el eructo como acto de mala educación, porque la acumulación de aire en el estómago puede provocar diversos inconvenientes y malestares. Que viva, pues, el eructo libre, ni requerido ni reprimido. El récord del eructo más ruidoso, según el Libro Guiness, pertenece al australiano Neville Sharp, quien logró un sonido de 112,4 decibeles en 2021.

     Sobre el pedo puede decirse algo parecido a lo del eructo, porque la acumulación de aire en los intestinos también ocasiona molestias, y expelerlo es muy satisfactorio. Se diferencian en la valoración social, ya que al pedo nadie lo acepta ni lo aprecia ni lo relaciona con el buen comer ni con el agradecimiento al anfitrión, porque no sale de la boca sino del ano y suele tener mal olor. Curiosamente, como si fuera un desagravio, el lenguaje popular instaló su nombre en varias expresiones usuales, ajenas a su semántica; por ejemplo, entre las expresiones argentinas más comunes, estar en pedo es estar borracho, estar al pedo es estar ocioso, hablar al pedo es hablar pavadas, es al pedo significa algo así como “es inútil intentarlo, no se puede”, de pedo significa “por poco” (se salvó de pedo, aprobó el examen de pedo), a los santos pedos es “a gran velocidad”, puro pedo equivale a mucho ruido y pocas nueces. Y de este modo, aunque no es su orificio natural de salida, el pedo está en boca de los argentinos a cada rato.

     La tos es una exhalación odiosa, que dificulta la respiración (en mayor o menor medida según el volumen y consistencia del mucus que hace flamear), estorba en el cine y en el concierto, y suele ser síntoma de enfermedades graves. No le dedico más texto.

     El estornudo alguna vez gozó de estimación social. En los siglos XVI a XIX, en las cortes de Europa era de estilo provocarlo, por el solo gusto de estornudar, mediante la aspiración de rapé, que es un polvo derivado del tabaco. Dicen (e se non è vero è ben trovato) que de ahí proviene la expresión “echarse un polvo”, porque, en una reunión social, usaba esa expresión alguien que se retiraba por un rato, con la excusa de aspirar rapé en privado, cuando en verdad iba a echarse un coito en un encuentro furtivo.

     
En la actualidad, el estornudo también tiene un trato social distinto del que se otorga a las demás exhalaciones, pero es mucho menos glamoroso que los polvos echados en las cortes europeas. Ahora, en estas épocas de corrección política, cuando alguien estornuda, es costumbre decir “Salud”, u otras palabras tiernas en otros idiomas, por ejemplo “Bless you” en inglés, que significa “bendito seas” o algo así. Según cuentan, el origen histórico de esta tonta manía se encuentra en épocas remotas, cuando se creía que estornudar era el primer síntoma de una peste. El papa Gregorio, para hacer frente a la adversidad, aconsejó rezar y formular ese buen deseo. La anécdota es verosímil, porque (aunque pasaron más de mil años) concuerda con las actuales destrezas terapéuticas de la Iglesia. La ceremonia estornudatoria se completa con un  “Gracias” que debe pronunciar el estornudante, salvo que siga estornudando. La costumbre no requiere (y es un alivio) que los saludantes agreguen “De nada”.