Ocho libros


- LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y NAPOLEÓN, de Manuel Santirso (Ed. Shackleton Books, 2021)
     Este libro es el que me motivó para emprender esta tarea injustificable. Fui anotando algunas cositas a medida que lo leía, y después pensé: tengo que hacer algo con estas notas.
     La lectura me dejó la impresión de que el autor hizo un trabajo más extenso, lo resumió para adecuarlo a la serie editorial “Historia brevis”, y le quedaron cosas sin explicar. Ello, a pesar de que el libro se presenta como una descripción breve pero completa y didáctica de los hechos históricos de su título; tanto, que hasta tiene un apéndice, donde explica “conceptos clave” (con obviedades tales como la Bastilla, Napoleón, etc.) y expone una cronología del período histórico analizado.
     Y aunque allí, en pág. 163, cree necesario explicar a la Bastilla como “concepto clave”, en pág. 50 la daba por conocida y decía que estaba defendida por 80 inválidos. Poco le costaba aclarar que se llamaba así a los soldados veteranos incapaces de servir en el campo de batalla.
     En pág. 53 habla de las manos muertas. Tuve que buscar en internet para enterarme de que en aquella época eran las fincas en las que se perpetuaba el dominio por no ser enajenables (bienes de la Iglesia, mayorazgos, etc.).
     En pág. 63 menciona a Cesare Beccaria, pero se equivoca con el nombre. Parece que algunos creen que todos los italianos se llaman Giuseppe.
     En pág. 30 subestima la influencia de la Ilustración en la Revolución, argumentando en que esa época sólo una “ínfima minoría” sabía leer y escribir. Pero en pág. 65 se corrige y dice que la lectura se realizaba en forma colectiva: en los clubes y cafés, quien sabía, leía en voz alta para que escucharan los demás, que después preguntaban, opinaban o discutían. O sea que las ideas se conocían y se difundían, y mejor que como podría ocurrir en una tertulia de la actualidad, porque no hablaban de fútbol y no estaba la televisión para confundirlo todo. En pág. 56 el autor reconoce la influencia del “pensamiento ilustrado”. Todo aclarado.

- CIEN AÑOS DE SOLEDAD, de Gabriel García Márquez (Ed. Penguin Random House, 2016)
     Dos (2) veces tuve que leer la novela, la primera vez hace diez años. Después de la primera lectura no me quedó nada, y quise darle, o más bien darme, una segunda oportunidad. La emprendí hace poco, con mucho entusiasmo; incluso busqué, y encontré, en internet el mapa imaginario de la mítica Macondo. Pero esta segunda lectura tampoco me conformó. ¿Me había perdido algo importante? Sí, creo que había perdido mi tiempo. Tiempo que podría haber dedicado a leer otra cosa, en vez de recorrer cien años (para mí, doscientos) de tedio, con personajes que se llaman todos igual o parecido, con una prosa exuberante (buena para quien disfrute con eso) y con algunos baches de contenido que se salvan con magia (el famoso “realismo mágico”, que algunos elogian). No voy a cerrar esto sin reconocer que la frase inicial del libro es buenísima: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". Una apertura genial, lástima el resto.

- LOS MISERABLES, de Victor Hugo (Alianza Editorial, 2025)
     Es una novela muy larga, pero la trama, los personajes, las situaciones y el estilo con que está escrita hacen que el entusiasmo por leerla nunca afloje. Hugo te ubica en una época histórica, te describe lugares y personas en forma que te hace sentir en el tiempo y lugar de los hechos; se da el lujo de describir la batalla de Waterloo, y sitúa parte de la acción de la novela en las barricadas de la rebelión de París de 1832. Las invocaciones a Dios y a Jesús se infiltran a cada rato, pero, bueno, era otro siglo. Aun así, pese a tanta reverencia, la novela no se salvó de ser incluida en el Index de libros prohibidos por la Iglesia. Las razones de esto están en algunas mínimas libertades argumentales que se tomó Victor Hugo, que rozaron la sensible piel de los censores católicos, como explica la nota preliminar de la traductora María Teresa Gallego Urrutia, quien nos cuenta que otros traductores, beatos aborregados, modificaron la novela sustituyendo algunos episodios por otros distintos de los originales. Por ejemplo, cuando el obispo, abrumado por el alegato que le hace un revolucionario moribundo sobre las tropelías de la Iglesia y de la monarquía de derecho divino, se arrodilla ante el revolucionario y le pide su bendición, en las traducciones fraudulentas, es el moribundo quien pide al obispo que lo bendiga, algo estúpidamente contradictorio. Según informa María Teresa, hay más episodios falsificados por esas santas “traducciones”.

- UNIVERSO Y SENTIDO, de Norbert Bilbeny (Ed. Anagrama, 2025)
     El autor es español, catalán, así que supongo que su nombre y su apellido se pronuncian con acento prosódico en las respectivas letras e. Es un libro de filosofía que plantea la pregunta sobre si el universo tiene un sentido y en tal caso cuál es. Algunas cosas buenas tiene el libro, especialmente las citas de filósofos y científicos, que son muchas; pero el aporte del autor parece escrito a vuelapluma, sin revisar, lo que provoca muchas repeticiones, mucho mirar las estrellas a cada rato. En pág. 25 (el libro recién empieza) ya encontramos una frase que se repite dos veces en el mismo párrafo, cuando, al enumerar poéticamente diversas fuentes de luz, empieza con “la luz de las luciérnagas en las noches de verano” y termina con “la luz de las luciérnagas en las noches de verano”. Es una pifia menor, puramente material, a cualquiera se le puede escapar; pero para evitarla se aconseja a todo escritor que siempre relea más de una vez los borradores. Una depuración cuidadosa habría eliminado repeticiones (no sólo materiales, como ésa, sino también conceptuales), y quizá nos habría ahorrado algunas divagaciones místicas, reduciendo las páginas del libro a un tercio de las setecientas que tiene. Así compactado podría haber resultado agradable; en su extensión actual se me hizo pesado terminarlo. “Lo poco agrada, lo mucho enfada”, dice el refrán que me enseñó mi madre. Lo demuestra, a continuación, el libro de Luciano Canfora.

- 1914, de Luciano Canfora (Ed. El Viejo Topo, 2006)
     Excelente libro, en el que el historiador italiano comenta algunos de los hechos desencadenantes de la Primera Guerra Mundial, profundizando lo que uno puede saber al respecto. Se basa en charlas que el autor dio en un programa de radio, luego convertidas en un texto escrito que mantiene el lenguaje claro y llano de la oralidad. Su lectura es placentera, y cada línea contiene datos de interés. Es breve, 139 páginas, uno querría que fueran más.

- LA ESCUELA DE FRANKFURT, de Giuseppe Bedeschi (Alianza Editorial, 2024)
     Muy bien escrito, y con claridad, pese a la complejidad del tema, el libro permite comprender las rebuscadas teorías de este famoso grupo de marxistas desilusionados, que en vez de reconocer los errores del marxismo, trataron de revitalizarlo introduciendo conceptos ajenos a la teoría de Marx, como el psicoanálisis, y hasta contradictorios con ella, como el carácter alienante de cualquier tipo de trabajo dirigido a producir un objeto, con lo cual la única actividad no alienante resulta ser el juego: “un simple lanzamiento de pelota por un jugador representa un triunfo de la libertad humana sobre la objetividad que es infinitamente mayor que la conquista más espectacular del trabajo técnico” (Marcuse). Otra idea “frankfurtiana” (Horkheimer y Adorno) es que la Ilustración comenzó con los primeros utensilios creados por el homo sapiens, y que la Odisea de Homero es uno de los primeros documentos representativos de la “sociedad burguesa”. Con esto, ambos conceptos, Ilustración y sociedad burguesa, quedan vacíos de contenido y sólo sirven (a los frankfurtianos) para cuestionar la totalidad de la civilización occidental. Con este pequeño libro aprendí mucho.

- UN YANQUI EN LA CORTE DEL REY ARTURO, de Mark Twain (Edimat Libros, ¿2010?)
     Esta sátira, políticamente incorrecta, contiene agudas críticas de costumbres e instituciones del Medioevo, pero con plena vigencia actual. O sea, como es habitual en Mark Twain, excelente. La editorial es bastante berreta (encuadernación, datos de la edición, etc.).

- DE LA CREACIÓN CONTINUA AL TIEMPO VIVIDO, de Guillermo Sibilia (RAGIF ediciones, 2025)
     Estuve a punto de devolver el libro cuando leí en el prólogo, escrito por la directora de esta colección sobre Spinoza, una referencia a “lectorxs filosóficxs”. Fuera de esa taradez, el libro prometía ser interesante: tiempo, duración y eternidad según Descartes y Spinoza. Aunque, efectivamente, ésos son los temas, en la mayor parte del libro el protagonista excluyente es Dios, que es “eterno”, y las cosas creadas por Dios, que tienen “duración”. El “tiempo” queda reducido a un ente de razón que sirve para medir la duración. El resultado es que un libro de filosofía termina siendo un pesado libro de teología. La culpa quizá no sea del autor (aunque podría escribir con más sencillez y con menos repeticiones), sino de Descartes y Spinoza, que habiendo escrito obras geniales como el Discurso del Método y el Tractatus, se pusieron a analizar a Dios, ese invento humano tan superlativo (eterno, infinito, absoluto, etc.) que quienes quieren describir sus atributos, y compatibilizarlos, se pierden en disquisiciones abstractas e inconducentes. Al final, en el capítulo 7, el libro pasa al nivel humano, y aporta otro concepto del “tiempo”: auxiliar de la imaginación. Pero sigue complicado. Recién en la breve Conclusión el lenguaje se pone amigable, y las ideas, un poco más claras. Uno desearía que el libro hubiera sido más corto, menos divino, y tan comunicativo como en la Conclusión.

- QUÉ PASA CON BAUM, de Woody Allen (Alianza Editorial, 2025)
     Linda novela de Woody Allen, con sabor a película de Woody Allen. El escritor no puede separarse del cineasta, e inserta muchas metáforas cinematográficas (“entonces, como si fuera la escena de una película...”, “...Fundido a negro y paso a otro plano...”, “...Baum contemplaba una sesión doble de cine, con la original y la secuela...”). La novela no es larga, pero es un texto continuo, sin división en capítulos.