03 de septiembre
de 2026
No se puede definir el kitsch. Lo que se puede es enunciar sus características de un modo que permita entender de qué hablamos cuando hablamos de kitsch. Pero definirlo, no. El DRAE da una idea (“Estética pretenciosa, pasada de moda y considerada de mal gusto”), pero es insuficiente, y le sobra, creo, lo de “pasada de moda”. Tengo a la vista dos artículos que bajé de internet, uno que identifica kitsch con “cursilería”, y otro que hace una solemne distinción entre el kitsch y lo cursi. Qué lío. Vayamos, pues, al libro, que empieza por reconocer la dificultad de la definición, y luego nos presenta la novedad de que ahora el kitsch ya no es eso (sea lo que sea “eso”). En mi opinión, el libro se refiere a algo distinto, y por eso lo llama “neokitsch”. Pero todo lo que describe es real, tiene alguna relación con el kitsch original, y nos hace prestar atención a ciertos fenómenos propios de la sociedad de consumo que empezaron a manifestarse a mediados del siglo veinte y se caracterizan por configurar una tendencia al “exceso”, a lo “demasiado”, a lo “exagerado”. Estas características son también propias del kitsch original, en la ornamentación sobrecargada de objetos de imitación, fabricados en serie. El libro empieza por referirse al “reino del usar y tirar”, la estrategia de marketing basada en la puesta en circulación de objetos hechos para no durar (“obsolescencia programada”), con materiales menos nobles que los tradicionales, el triunfo del plástico, de la pacotilla, de la baratija, con la consecuencia de generar cantidades masivas de residuos que degradan la calidad del medio ambiente. Pero ninguna de las otras manifestaciones del neokitsch en la vida moderna es nefasta como ésa, y el libro pasa revista, desde un punto de vista novedoso, a la televisión, el cine, el porno, la vestimenta, la arquitectura, la literatura, el llamado “arte contemporáneo”, y muchas más. Es necesario leer este libro.
- LA HISTORIA FALSA Y OTROS ESCRITOS, de Luciano Canfora (Ed. Capitán Swing, 2013)
Este libro, como indica el título, no es
una obra sistemática, sino una selección de escritos que tratan temas puntuales.
Canfora es comunista, y lógicamente mira la realidad tras el cristal de su
color; eso le quita objetividad a sus escritos pero no interés ni calidad. Se
divide en cuatro partes. La primera analiza lo que podríamos llamar “actualidad
desactualizada”, o sea, son artículos de 2012 sobre la política europea (más
bien centrada en Italia). La segunda parte contiene escritos, muy buenos, sobre
la naturaleza del poder. La tercera parte (que a su vez se divide en dos) es la
que da nombre al libro y, además de otras breves historias falsas, analiza
principalmente dos casos: el testamento de Lenin (muy interesante) y la
correspondencia de Antonio Gramsci en prisión (que requiere conocer un montón
de nombres de la política de aquella época; es muy minuciosa, por la gran
erudición del autor y lo exhaustivo de su estudio, y en gran parte resulta
aburrida para quien no está interesado en ese tema tan específico). La cuarta
parte (Excursus) son dos escritos de historia antigua que también
requieren conocimientos previos; incluso el segundo tiene una gran parte
escrita en latín y griego, sin traducción. Creo que Canfora sobreestima nuestra
cultura, o escribe para lectores más sabios.
Esta muy buena novela de no ficción (género
literario en el que brilla Cercas) examina el caso de Enric Marco, un español
que alcanzó gran fama como supuesto resistente antifranquista y prisionero en
un campo de concentración nazi, hasta que en 2005 fue desenmascarado por el
historiador Benito Bermejo, que puso en evidencia la falsedad de su historia. A
partir de eso, Cercas hace su propia investigación, que incluye reuniones con
Marco, con Bermejo y con muchos más. El resultado es este libro.
Es oportuno evocar ahora la lectura de
otro libro de Cercas, Anatomía de un instante. Ahí va.
Leí esta otra novela de no ficción a mediados
de 2025, y es tan buena que me indujo a leer El impostor. El “instante”
del título es el de la tarde del 23 de febrero de 1981, cuando el teniente
coronel Antonio Tejero asaltó a balazos el Congreso de los Diputados de España
intentando dar un golpe de estado, y el Presidente de Gobierno (que había
presentado su dimisión) Adolfo Suárez permaneció sentado en su banca, él y otros
dos diputados, mientras los demás se echaban al piso obedeciendo la orden de
los golpistas. Cercas empieza por dejar sentada su opinión muy crítica sobre
Adolfo Suárez, pero rescata su actitud en ese “instante”. Además, relata (como
en El impostor) su propia investigación sobre cómo se gestó el intento
de golpe, quiénes estuvieron implicados y de quiénes se sospechó, analiza el desempeño
del rey y deja su opinión fundada sobre todos esos temas, configurando una
crónica imperdible y un relato apasionante de ese hecho histórico.
Y ahora es oportuno evocar la lectura de
otro libro de Cercas, Soldados de Salamina.
Leí esta novela poco antes de Anatomía
de un instante. Es de ficción, y se inserta en el contexto de la Guerra
Civil Española. Como me disgustan los comentarios que en las contratapas de un
libro te anticipan el contenido de la novela, no voy a caer en ese lamentable spoiler
contando de qué trata ésta. Sólo digo que es tan linda (de las mejores que he
leído) que me decidió a seguir leyendo a Javier Cercas. Es probable que en
cualquier momento vuelva a leerla.
Es extraordinario. Es extraordinario que
haya existido en 1766 un libro que se atreviera a decir todo lo que había que
decir sobre la religión y en particular sobre el cristianismo. Ni Voltaire se
atrevió a tanto. Y es un libro extraordinario por el estilo claro y ameno con
que pulveriza todos esos conceptos con los que la religión y el cristianismo
nos intoxicaron la mente a lo largo de los siglos, y aún ahora: la revelación,
los misterios, los milagros, la fe, los libros sagrados, etcétera, y, por
supuesto, esos “insondables caminos de Dios” que aparecen como último sofisma
del creyente cuando ya no tiene palabras para tratar de esquivar la absurdidad
de sus creencias. Ah, podría decir un creyente, ustedes no han aprendido nada y
todavía siguen repitiendo lo que decía este hereje hace doscientos sesenta
años. Lo que pasa, le contestaría el barón D’Holbach, es que ustedes siguen
repitiendo dogmas irracionales que algunos hombres primitivos inventaron hace
más de mil quinientos años (muchos más, si abarcamos el judeocristianísmo), y
no tienen respuestas a lo que explico en mi libro. Extraordinario.
Es la primera novela de Highsmith, en la
que presentó, en 1950, la modalidad de thriller que luego fue su estilo
personal. Creo que conviene leerla antes que las demás, que para mi gusto son
mejores. Me pareció que empezó buena, decayó un poco en la parte media, y después
se recuperó.